domingo, 8 de abril de 2007

¿Crítica cinematográfica o ideológica?

"Me gusta tan poco el concepto de lo "políticamente correcto", por lo que tiene de forzado y de uniformador, de impuesto y no libremente elegido, además de ser hipócrita, eufemístico y oportunista de raíz" [Miguel Marías, crítico cinematográfico].


Me permito empezar este cuaderno con una cita de Miguel Marías que me parece que viene muy a colación de lo que voy a comentar. Cada vez se estila menos aquello de hablar de cine en la crítica cinematográfica. No se trata de que el cine sea mejor o peor, eso ya no importa. El interés se centra en la carga ideológica antes que en la cinematográfica. Con ello se establece una nueva caza de brujas: la de lo que es o no políticamente correcto.

Ya no se habla de buenos diálogos al más puro estilo de Ben Hetch, de montaje siguiendo los mandatos de Hitchcock sobre la utilización del suspense o el empleo de la sinopsis narrativa a lo Lubitch. Quizá eso requeriría un mayor esfuerzo por parte del crítico, en primer lugar por aquello de ver películas para disfrutar de ellas y, en segundo, para mirar cómo estan hechas y aprender a apreciarlas. Sólo se precisa una pequeña condición: amar el cine.

Permítanme un ejemplo reciente de lapidación pública de un film, no precisamente por haber pecado en el buen hacer del séptimo arte.

300, de Zack Snyder
. He aquí una historia bélica. Desde el primer plano nos situan en un escenario concreto: el nacimiento de un ser con un solo fin, el de convertirse en un guerrero. A partir de ese momento la narración avanza vigorosa, con la fuerza de una paleta cromática intensa, como el cómic de Frank Miller en el que se basa, pero sin concesiones al manierismo. Lo que importa es la historia que se nos cuenta. El ritmo nunca decae, es apabullante, nos invita a contemplar la acción, sin marearnos con planos temblorosos o zigzagueantes para meternos en la mente de los guerreros espartanos y hacernos creíble lo increible. Se nos muestra su forma de luchar, la utilización de la lanza y el escudo, la formación en falanges,... la estrategia militar se nos hace comprensible. Todo ello sirviéndose inteligentemente de la cámara lenta mientras los acordes de rock sinfónico nos acompañan. Pero el guión no se queda en una mera hazaña bélica, nos plantea un entorno político hostil, donde el enemigo ha de librarse también desde dentro. Es una aportación del guión sobre su fuente original al presentarnos una trama política que da aún más vigor al conjunto. Y los diálogos son de esos para recordar, como este del rey espartano Leónidas: "El mundo sabrá que hombres libres resistieron contra el tirano, que pocos resistieron contra muchos, y antes de que esta batalla termine, que incluso un Rey-Dios puede sangrar".

Pues la valoración principal que hacen de 300 una parte importante de la crítica de este país se centra en el barniz fascista que impregna la película. ¿? No explican por qué lo es, simplemente se tilda de fascista sin más, valorando desde el maniqueísmo más reduccionista.

De todas formas, poniéndonos en el peor de los casos. ¿Sería relevante la carga ideológica de una película para juzgarla en lo cinematográfico? ¿Si? Entonces muchos críticos deberían examinar la historia del cine y tachar de ella un buen número de películas que por su argumento no deberían entrar a ser ni siquiera valoradas en lo cinematográfico. Dejaríamos fuera a El Nacimiento de una Nación, de D. W. Griffith y su contribución a la creación del lenguaje cinematográfico, ya que en ella el
Ku Klux Klan campa a sus anchas. Quizá El Acorazado Potemkin debiera de ser también reexaminada, ya que la propaganda revolucionaria que en ella se respira pudiera distraernos del legado en la utilización del montaje que nos dejó Eisenstein.

¿Hacemos entonces crítica cinematográfica o levantamos una nueva bandera de lo políticamente correcto?


por Pepe Martín

domingo, 21 de enero de 2007

Por qué decidí ver Rocky Balboa


Iremos contra corriente una vez más. Entre todos los estrenos que pueblan nuestras carteleras podemos encontrar un poco de todo: historias no de héroes o manipulación como "Las banderas de nuestros padres", episodios entrecruzados para retratarnos el vil mundo que nos rodea -"Babel"- o el mundo de nuestros antepasados violentamente recreado -"Apocalypto"-, denuncias más o menos actuales como "Atrapa el fuego" o "Diamantes de sangre". Respuestas, todas ellas, que responden a una visión nada complaciente con la realidad.

Que alguien ose, se atreva a decirnos, vendernos que, nunca es tarde cuando la dicha es buena o como el dicho asturiano, después de vieyu gaiteru, supone todo un atrevimiento. Tiene aún más delito si estamos hablando de todo un musculitos entrado en años, con un curriculum vitae existencial de rockys y rambos, que decide recuperar una de sus viejas glorias para volver a contarnos el mismo cuento de triunfo y superación, pero con 60 primaveras encima, cayendo con todo el equipaje en el más estrepitoso de los ridículos.

Pero no cae. Rocky Balboa es un ejercicio poco saludable pero absolutamente recomendable de nostalgia. Aquel que piense que Rocky era sólo una película de boxeo está equivocado, pues era sobretodo una película sentimental, una dosis pura y sin adulterar de romanticismo. Que Sylvester Stallone vuelva por sus fueros en un Hollywood de ceros y unos, para decirnos que nada se termina hasta que uno lo decide, resulta el más sano ejercicio de ternura cinematográfica visto en los últimos tiempos, un auténtico Volver a Empezar pugilístico al que el mismísimo José Luis Garci habría querido apadrinar.

Rocky Balboa es una película imperfecta pero honesta que, no sólo no cae en el ridículo, se hace necesaria como un digno acto final para una saga que creíamos ya había expirado en los 90. La deliciosa partitura de Bill Conti desarrolla en clave sentimental el tema de siempre, acompañando unos diálogos que se respiran agridulces, casi como un viejo tema de blues al que Stallone le ha cambiado el ritmo hasta convertirlo en un rap.

Que en la cartelera de hoy siga habiendo un lugar para
Rocky Balboa es, como la taquilla así parece confirmarnos, algo reconfortante.

Saludos Sly y gracias.


Por Pepe Martín

Rocky Balboa [EE.UU., 2006]. 102 min. Escrita y dirigida por Sylvester Stallone. Fotografía: J. Clark Mathis. Montaje: Sean Albertson. Música: Bill Conti. Intérpretes: Sylvester Stallone, Burt Young, Milo Ventimiglia, Geraldine Hughes y James Francis Kelly III.